Fotografía: PNUD Guatemala/Fernanda Zelada

 

Las prácticas culturales de los pueblos están estrechamente vinculadas con los medios de vida, con las relaciones comunitarias y con su relación con la naturaleza

 

Guatemala es un país de una rica diversidad humana y ecológica. En un pequeño territorio, conviven al menos 23 grupos étnico lingüísticos en 14 zonas de vida. La mayor expresión de esta diversidad se encuentra en las múltiples expresiones culturales de las distintas poblaciones, muchas de ellas resultado de muchos siglos de transmisión intergeneracional. Si bien esta riqueza cultural podría ser un efectivo motor de desarrollo, la asimetría en el derecho al ejercicio de las culturas ha provocado exclusiones estructurales que dejan a casi dos terceras partes de la población en condición de pobreza y pobreza extrema (PNUD).

De la población en condición de pobreza, la mayoría pertenece a alguno de los pueblos indígenas que habitan el país, principalmente de origen Maya, que han sido históricamente desplazados de sus lugares vitales y presionados para el abandono de sus prácticas culturales. La pobreza, bajo una perspectiva multidimensional, es mucho más que la ausencia de ingresos y también se manifiesta como privación de la posibilidad de ejercer la cultura propia. En el caso de los pueblos indígenas, las prácticas culturales están íntimamente relacionadas con los medios de vida, con las relaciones comunitarias y con su relación con la naturaleza. Al menoscabar las prácticas culturales de la población e impedir implícitamente su ejercicio, se priva a una parte importante de la población del derecho al desarrollo y a una buena calidad de vida.

En febrero de 2003, la Asamblea General de las Naciones Unidas proclamó el 21 de mayo como el Día Mundial de la Diversidad Cultural para el Diálogo y el Desarrollo. Esta se enmarcaba dentro de la estrategia de mediano plazo de la UNESCO, que centraba sus actividades en la erradicación de la pobreza y la contribución de las tecnologías de la información y las comunicaciones al desarrollo de la educación, la ciencia y la cultura y a la construcción de una sociedad del conocimiento, bajo el reconocimiento de que la cultura puede contribuir eficazmente a la reducción de la pobreza.

Este 21 de mayo es un día para reflexionar sobre nuestra diversidad cultural y de la urgencia de abrir espacios para el ejercicio de las culturas, lo cual puede ser un pilar fundamental en la construcción de un país plural e incluyente, así como la base para un desarrollo sostenible que no deje a nadie atrás.

Escrito por:  

Gustavo Arriola Quan, Coordinador del Informe Nacional de Desarrollo Humano del PNUD.

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