Ya no es solo cuestión de conservación de aves, se trata de nuestro propio futuro

11 may 2017

 Aves migratorias en las playas del Pacífico de Guatemala. Foto: Archivo PNUD/Guatemala

Una reflexión en el Día Mundial de las Aves Migratorias

Este 10 de mayo se celebró el Día Mundial de las Aves Migratorias. En nuestro país es una fecha que pasa totalmente desapercibida, primero que nada porque estamos celebrando a nuestras queridas mamás y por otro lado, porque somos muy pocos los biólogos y conservacionistas amantes de estos seres emplumados y carismáticos.

Permítame invitarlo, respetable lector o lectora, a ponerse por unos momentos en los pies (o mejor dicho, patas) de un ave migratoria comúnmente conocida como playera, chorlito o alza colita. Usted reside tan lejos como el ártico en Alaska; allá pasa buena parte de su vida y se reproduce año con año. Cada vez que llega el frío invierno a su hogar, usted está programado para emprender un largo viaje al Sur llamado migración, que puede llevarlo tan lejos como Chile. En este viaje intervienen muchos factores, desde su genética, fisiología, evolución, los astros, los campos magnéticos de la Tierra y los accidentes geográficos.  

La migración es una jornada muy peligrosa que expone a las aves a muchos peligros, la gran mayoría protagonizados por el ser humano. Cada año mueren millones de aves migratorias por muchas razones, la caza furtiva y comercio ilegal son solo algunas de ellas. La pérdida de hábitat de invierno y sitios de descanso o paradas durante la migración, puede tener un impacto dramático en su supervivencia. A ello hay que sumar que cada vez más un número considerable de aves compite o incluso choca con infraestructura que encuentra en su camino y que recientemente, el cambio y variabilidad climática también están afectando sus patrones de comportamiento. La suma de todo esto está llevando a muchas especies al borde de la extinción a nivel mundial.

Retomemos nuestro viaje. Usted es un ave playera que utiliza la ruta de migración al Suroeste que bordea el Océano Pacífico. Se ha preparado para la larga jornada almacenando grasa en su pequeño organismo y cambiando de plumaje. La temporada pico de migración varía entre especies, pero en nuestro país empezamos a verlas llegar en octubre de cada año y podemos disfrutar de ellas hasta febrero aproximadamente. Muchas salen de su lugar de origen, pero no todas regresarán. Usted es de las pocas afortunadas que sobrevive hasta llegar a las costas de Guatemala. Pasó por tormentas, hambre a veces, escapó de depredadores y especies invasoras, y después de miles de kilómetros ¡por fin llegó! Y encuentra… un panorama desolador. Los ríos en el Pacífico ya no llegan al manglar, con suerte son unos escuálidos hilos de agua malolientes por tanto agroquímico y desechos que arrastran desde cuenca arriba. Las lagunas costeras de las cuales usted dependía para descansar y reponer fuerzas, son unos charcos cada vez más pequeños, algunas han sido drenadas con fines agrícolas o industriales, otras están azolvadas; encontrar allí suficiente alimento (peces, moluscos y crustáceos), es muy difícil. Las playas y el mar cada vez tienen menos espacio para usted y sus otras compañeras de vuelo porque hay más casas y complejos habitacionales, pero lo peor es que están llenos de plástico y duroport. Y a usted todavía le espera una larga travesía… Su supervivencia y la de su especie están en juego.

Para sensibilizar sobre la necesidad de conservar a las aves migratorias y sus hábitats, ejemplificada a través de esta breve historia no tan ficticia, desde el año 2006 se celebra el Día Mundial de las Aves Migratorias. Este año 2017 sus promotores, entre ellos la Secretaría de la Convención sobre la Conservación de las Especies Migratorias de Animales Silvestres (CMS) del Programa de las Naciones Unidas para el Medio Ambiente (PNUMA), quieren hacer conciencia en la población en general sobre el vínculo entre las aves migratorias y el ser humano a través del lema: Su Futuro, es Nuestro Futuro.

Este día es una oportunidad para reflexionar sobre los Objetivos de Desarrollo Sostenible (ODS), y particularmente el ODS 14: mares y océanos para el desarrollo sostenible. Desarrollo sostenible para la vida silvestre (como las aves playeras) y los seres humanos, porque compartimos el mismo planeta. La disminución y destrucción del hábitat de las aves migratorias, compromete nuestra propia calidad de vida. Su conservación, al final es nuestra propia garantía de supervivencia. Muchas comunidades costeras dependen, al igual que ellas, de los manglares, lagunas costeras, playas y océanos como parte integral de sus medios de vida: agua, leña, alimento (sí, como las mismas aves), vivienda y turismo, por mencionar algunos.

Las aves migratorias necesitan protección en todas sus rutas y sitios de parada invernal. Guatemala es un lugar más que visitan, son ciudadanas de muchos países que requieren de alianzas y cooperación internacional. Pareciera que no sirve de mucho que en otras altitudes y latitudes se inviertan enormes recursos y esfuerzos, si aquí nuestras políticas de conservación e instituciones rectoras de ambiente y diversidad biológica, son débiles. Se necesita colaboración entre distintos actores y sectores: gobierno, ONG, academia, sector privado y sociedad civil. El papel que pueden jugar científicos y administradores de áreas de conservación, es tan importante como el de un ciudadano común. 

La tarea es grande y se requieren voluntad y capacidad, pero también son varias las posibles estrategias para alcanzarla. Empecemos por un manejo efectivo de las áreas protegidas existentes y futuras, de la mano con la restauración de ecosistemas. Hagamos cumplir las normativas vigentes, como la ley de caza y reglamento de aguas residuales y desechos sólidos; apoyemos la aprobación de la tan necesaria ley de aguas. Mejoraremos nuestro conocimiento de las aves migratorias y sus hábitats a través de investigación y monitoreo. Aseguraremos fuentes de financiamiento para planes y programas de conservación. Promovamos posibles sellos verdes para agroindustria y acuicultura “amigables” con las aves. No dejemos de lado la educación ambiental y comunicación, tan facilitada en nuestros días por las redes sociales.

En este Día Mundial de las Aves Migratorias le invito a pensar que acciones locales pueden tener impacto global para mantener las poblaciones de aves migratorias. Hoy, usted puede hacer un compromiso desde el espacio y rol que le toca jugar, visualizando un planeta sano para las aves migratorias y las personas.

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