Los desequilibrios de género en el lugar de trabajo ralentizan el progreso en América Latina y el Caribe

15-dic-2015

 

La rápida transformación del nuevo mundo del trabajo trae consigo oportunidades para unos, pero grandes desafíos para otros. El Informe de Desarrollo Humano de 2015, presentado ayer a nivel mundial en Etiopía, y a nivel regional en el Uruguay, señala que en América Latina y el Caribe es necesario adoptar un enfoque más centrado en el trabajo —que aproveche los talentos de mujeres y hombres por igual— con el fin de frenar el aumento de las desigualdades.

El informe, titulado “Trabajo al servicio del desarrollo humano” promueve la sostenibilidad y un trabajo equitativo y decente para todos, alentando a los gobiernos a que tengan en cuenta los numerosos tipos de trabajo —como el trabajo de cuidados no remunerado, el voluntario y el creativo— que revisten importancia para el desarrollo humano. Destaca que la función del trabajo va más allá de proporcionar estabilidad económica. En lo colectivo, el trabajo decente sienta los caminos para la plena participación de las personas en la sociedad. En lo individual, el empleo es el motor de desarrollo de las capacidades humanas y amplía las posibilidades de realización personal y proporciona un sentido de dignidad a la vida de las personas.  

“El informe confirma que las desigualdades de género en el trabajo siguen siendo amplias y representan un obstáculo para el desarrollo humano” enfatizó Valerie Julliand, Representante Residente del Programa de las Naciones Unidas para el Desarrollo (PNUD) en Guatemala, durante una presentación local a medios de comunicación.  El informe pone de manifiesto que las mujeres desempeñan 3 de cada 4 horas de trabajo no pagado en todo el mundo. Por otro lado, pese a la importancia que tiene para el desarrollo humano, el trabajo de cuidados no recibe suficiente reconocimiento. Al no estar remunerado, no se refleja en los indicadores económicos como el PIB. Si se valorara el mismo, se pondría de relieve la contribución de las mujeres a los hogares y a las comunidades.  Entre todos los países que intentan medir el trabajo de cuidados no remunerado, las estimaciones varían entre el 20% y el 60% del PIB. En Guatemala el cuidado no remunerado representa entre 26 a 34 por ciento del PIB, y en El Salvador, 32%.

En cuanto al trabajo remunerado, a escala mundial las mujeres dedican sólo 1 hora por cada 2 dedicadas por los hombres y ganan un 24 por ciento menos. En América Latina y el Caribe, las mujeres ganan un 19 por ciento menos que los hombres y suelen quedar excluidas de los cargos directivos superiores: el informe menciona que en más de la mitad de todas las empresas de la región ninguna mujer ocupa un cargo ejecutivo. Además, según el Banco Interamericano de Desarrollo, las mujeres que ocupan cargos directivos superiores en la región ganan en promedio cerca de la mitad del sueldo correspondiente a sus homólogos varones.

Por otra parte, la región cuenta con la mayor proporción de trabajadores domésticos —el 37 por ciento del total mundial, en su mayoría mujeres—, cuyas condiciones laborales precisan con frecuencia una mejora. Además Latinoamérica y el Caribe posee el segundo mayor índice de trabajadoras domésticas en relación con el número total de empleadas, después del Oriente Medio.

La tasa más alta de emprendimiento en fase inicial (empresas con menos de tres años y medio) tanto de mujeres como de hombres se registra en África, seguida de América Latina y el Caribe. Sin embargo, en todas las regiones las mujeres tienen menos probabilidades que los hombres de montar sus propias empresas. En concreto, en el caso de América Latina y el Caribe, un número desproporcionadamente elevado de empresas gestionadas por mujeres no logran salir adelante y consolidarse.

En todas las regiones, el valor del Índice de Desarrollo Humano (IDH) —indicador compuesto del PNUD que mide los ingresos, la longevidad y la educación— es más bajo con respecto a las mujeres que a los hombres. Aun así, las mujeres registran un valor más alto que los hombres en 14 países, 2 de ellos pertenecientes a América Latina y el Caribe: Barbados y el Uruguay.

La región está además sentando las bases para el progreso en materia de igualdad de género. Por lo que respecta a la educación de la población adulta, la región presenta la menor diferencia entre los géneros en cuanto al promedio de años de escolaridad de los adultos (0,1 años). Además, el porcentaje de escaños parlamentarios ocupados por mujeres en la región (27 por ciento) es superior al promedio mundial (21,8 por ciento). Aunque estas cifras esconden grandes desigualdades entre países, ya que la proporción de parlamentarias es inferior al 10 por ciento en Antigua y Barbuda, el Brasil, el Paraguay, Suriname y Trinidad y Tobago. Los avances en materia de genero han contribuido a que América Latina y el Caribe sea la región en desarrollo que presenta la menor brecha entre el IDH de mujeres y hombres, con un 2,4 por ciento frente al 7,6 por ciento a escala mundial.

El informe insta a que se adopten medidas para mejorar la vida de las mujeres a través de la igualdad salarial, una licencia parental digna y la supresión del acoso y de las normas sociales que excluyen a las mujeres del trabajo remunerado. De acuerdo con el informe, solo entonces será posible distribuir la carga de trabajo de cuidados no remunerado con vistas a facilitar el acceso de las mujeres al mercado laboral.

Por otro lado, el Informe aspira a convertirse en un instrumento de debate nacional, regional y global sobre la necesidad de evaluar seriamente los retos que implica el cambiante mundo del trabajo.  “Es un llamado a aprovechar las oportunidades para fortalecer el vínculo positivo entre el trabajo y el desarrollo humano; a romper el círculo vicioso de alta y persistente desigualdad y exclusión en el mundo del trabajo mediante medidas concretas y efectivas” expresó Valerie Julliand.

Las medidas en favor de la igualdad y la inclusión pueden fomentar el progreso humano    

Entre las regiones en desarrollo, Europa y Asia Central y América Latina y el Caribe son las que registran un valor más alto del Índice de Desarrollo Humano, con un 0,748 en ambos casos. Guatemala se ubica en el puesto 128 de 188 países evaluados, con un IDH de 0,627; superior al de Honduras (0,606), pero inferior al de otros países centroamericanos como Nicaragua (0,631), El Salvador (0,666) y Costa Rica (0,766).

La lucha contra la desigualdad en materia de desarrollo humano es clave para impulsar el progreso humano, ya que la región de América Latina y el Caribe ostenta el mayor índice de desigualdad de ingresos y su valor de IDH disminuye un 23,7 por ciento cuando es ajustado por la desigualdad (IDH-D). En el caso de Guatemala, la pérdida de desarrollo humano atribuible a las desigualdades sobrepasa al de la región con un 29.4 por ciento. La pobreza sigue suponiendo un desafío, sobre todo desde la perspectiva de la pobreza multidimensional, que complementa las mediciones económicas en este ámbito al examinar también las diversas carencias interrelacionadas que sufren las personas.
“Tendremos avances en desarrollo humano cuando se logren superar las barreras que impiden que las personas participen plenamente del trabajo decente, cuando las oportunidades de trabajo sean dignas y enriquezcan la vida humana” argumentó Gustavo Arriola, Coordinador del Informe Nacional de Desarrollo Humano del PNUD Guatemala durante la presentación a medios de comunicación.

Se estima que en América Latina la diferencia salarial entre las etnias indígenas y el resto de la población es del 38 por ciento. A este respecto, es preciso abordar la exclusión y la discriminación, ya sea por motivo de raza, origen étnico, discapacidad, género u orientación sexual.

El informe describe un riesgo de exclusión de los trabajadores no cualificados y de aquellos sin acceso a las tecnologías de la información y las comunicaciones (TIC), que no se podrán beneficiar del creciente papel que desempeñan las tecnologías digitales en el mundo del trabajo. Se ha producido una rápida difusión y penetración de las tecnologías digitales en los mercados laborales de América Latina y el Caribe, que es la región en desarrollo que cuenta con más usuarios de Internet y más abonados a la telefonía móvil, con un promedio de utilización de Internet del 50 por ciento frente al promedio mundial del 40,5 por ciento en 2014. Por lo que respecta a las personas que ya han abandonado el sistema educativo, la formación y el aprendizaje permanentes, en particular en el ámbito de las TIC, resultan fundamentales para prepararse para nuevos tipos de trabajo.

Definición del nuevo programa de acción en materia de trabajo

Si bien las medidas para responder al nuevo mundo del trabajo variarán de un país a otro, hay tres conjuntos principales de políticas que resultarán determinantes para que los gobiernos y las sociedades puedan lograr los máximos beneficios y reducir al mínimo las dificultades en el nuevo y cambiante mundo del trabajo. Es preciso elaborar estrategias orientadas a crear oportunidades de trabajo y garantizar el bienestar de los trabajadores. Por consiguiente, el informe propone un triple programa de acción:

  • Un nuevo contrato social entre los gobiernos, la sociedad y el sector privado que permita velar por que en la formulación de políticas se tenga en cuenta a todos los miembros de la sociedad, en especial quienes trabajan fuera del sector formal.
  • Un pacto mundial entre los gobiernos que garantice los derechos y beneficios de los trabajadores en todo el mundo.
  • Un Programa de Trabajo Decente que englobe a todos los trabajadores y que ayudará a promover la libertad sindical, la equidad, la seguridad y la dignidad humana en la vida laboral.

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ACERCA DE ESTE INFORME: El Informe sobre Desarrollo Humano es una publicación editorial independiente del Programa de las Naciones Unidas para el Desarrollo. Para descargar el Informe sobre Desarrollo Humano de 2015 junto con otros materiales de referencia sobre sus índices e informaciones regionales específicas, visite: http://hdr.undp.org

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