Fotografía: PNUD Guatemala/Fernanda Zelada

24 de enero de 2019

Hoy celebramos el primer Día Internacional de la Educación.

La educación transforma vidas. Como dijo Malala Yousafzai, en su calidad de Mensajera de la Paz, en una ocasión: “un niño, un maestro, un libro y un lápiz pueden cambiar el mundo”. Nelson Mandela dijo, con razón, que “la educación es el arma más poderosa que tenemos para cambiar el mundo”.

Mucho antes de unirme a las Naciones Unidas o de ocupar un cargo público en mi propio país, trabajé como maestro. En los barrios marginales de Lisboa, me di cuenta de que la educación es un motor de erradicación de la pobreza y una fuerza de paz.

Los Objetivos de Desarrollo Sostenible actuales giran en torno a la educación.

Por medio de la educación, podremos reducir las desigualdades y mejorar la salud.

Por medio de la educación, podremos alcanzar la igualdad de género y eliminar el matrimonio infantil.

Por medio de la educación, podremos proteger los recursos de nuestro planeta.

Por medio de la educación, también podremos luchar contra el discurso de odio, la xenofobia y la intolerancia, y cultivar la ciudadanía mundial.

No obstante, al menos 262 millones de niñas, niños, adolescentes y jóvenes, en su mayoría mujeres, no están escolarizados. Varios millones más que sí lo están no dominan las competencias básicas.

Todo esto vulnera su derecho fundamental a la educación. El mundo no se puede permitir que las jóvenes generaciones carezcan de las destrezas necesarias para competir en la economía del siglo XXI, y tampoco podemos permitirnos dejar atrás a la mitad de la humanidad.

Debemos hacer mucho más para avanzar en el cumplimiento del Objetivo de Desarrollo Sostenible 4, que busca garantizar una educación inclusiva y equitativa de calidad y promover oportunidades de aprendizaje permanente para todos.

Por medio de la educación, también se pueden romper y revertir los ciclos de pobreza intergeneracional. Algunos estudios muestran que, si todas las niñas y todos los niños terminaran la enseñanza secundaria, 420 millones de personas podrían salir de la pobreza.

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