Fotografía: PNUD Guatemala/Fernanda Zelada

8 de junio de 2019

             Los océanos y los mares nos conectan y son nuestro sustento. En su seno albergan una gran diversidad biológica y constituyen una defensa vital frente a la emergencia climática que sufre el mundo entero.

                Hoy en día, sin embargo, los océanos se enfrentan a amenazas sin precedentes. En los últimos 150 años se han perdido aproximadamente la mitad de los corales vivos. La contaminación por plástico en los océanos se ha multiplicado por diez en los últimos 40 años. Un tercio de las poblaciones de peces están sobreexplotadas. Las zonas muertas —desiertos submarinos donde no prospera la vida debido a la falta de oxígeno— están aumentando rápidamente, tanto en extensión como en número.

                Este año, la celebración del Día Mundial de los Océanos pone de relieve las dimensiones de género de nuestra relación con los océanos.

                Los efectos de la contaminación y el cambio climático sobre los océanos repercuten de manera desproporcionada en las mujeres. Durante demasiado tiempo, las mujeres no han podido aprovechar en pie de igualdad los beneficios que aportan los océanos. Representan la mitad de la mano de obra que trabaja en la captura de peces, tanto en libertad y como de piscifactoría, y, sin embargo, cobran sustancialmente menos que los hombres. Además, con frecuencia las mujeres quedan relegadas a los trabajos de baja cualificación y el trabajo no reconocido, como el procesamiento del pescado, y se les niega un papel decisorio. También se les dispensa un trato similar en los sectores conexos, como el transporte marítimo, el turismo costero y las ciencias marinas, donde a menudo la voz de las mujeres no se escucha.

                Hacer frente a la desigualdad de género es esencial para lograr el Objetivo relacionado con los océanos y las metas de la Agenda 2030 para el Desarrollo Sostenible. Debemos poner fin a la inseguridad de las condiciones de trabajo y garantizar que las mujeres desempeñen una función igual en la gestión de las actividades relacionadas con los océanos.

                Insto a los gobiernos, las organizaciones internacionales, las empresas privadas, las comunidades y las personas particulares a que promuevan la igualdad de género y los derechos de las mujeres y las niñas como contribución fundamental para hacer frente a los problemas relacionados con los océanos.

             Debemos actuar de manera intersectorial a fin de abordar las demandas, a veces en contradictorias, de la industria, la pesca, el transporte marítimo, la explotación minera y el turismo, que están sometiendo a los ecosistemas marinos y costeros a una presión insostenible. El “Llamamiento a la Acción” aprobado en la Conferencia de las Naciones Unidas sobre los Océanos en 2017 ayuda a iluminar el camino. Con la vista puesta en la próxima reunión, que se celebrará en Lisboa en 2020, hagamos todo lo posible por proteger y preservar este recurso esencial para el desarrollo sostenible.

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