Ilustración: PNUD Guatemala/Juan Luis Sacayón

 

La diversidad biológica (o biodiversidad), según el Convenio sobre la Diversidad Biológica (CDB), comprende la diversidad dentro de cada especie, entre las especies y de los ecosistemas. Si nuevas especies animales están siendo descubiertas, imaginemos cuál es el estado de conocimiento de la diversidad genética. Hoy 22 de mayo se conmemora el Día Internacional de la Diversidad Biológica y el lema de este 2020 es “Nuestras soluciones están en la naturaleza” y se espera que promueva la conciencia sobre la interconectividad: todos somos piezas de un rompecabezas. Pero los seres humanos lamentablemente seguimos considerándonos “la” pieza y el “centro” del sistema y como consecuencia estamos llevando a nuestra diversidad biológica al borde de la extinción y junto con ella, a nosotros mismos.

Cuando en el 2010 el CDB reconoció a Guatemala como un País Megadiverso, la celebración fue grande. Se nos olvida que tal designación también conlleva una gran responsabilidad y que ésta, es compartida. Es contradictorio que, si bien somos un país rico en diversidad biológica, somos pobres en muchos sentidos, siempre teniendo en consideración que la pobreza va mucho más allá de cuestiones monetarias, es un problema multidimensional. Tenemos un Índice de Desarrollo Humano (IDH) clasificado como medio, según el Informe sobre Desarrollo Humano 2019. Si revisamos nuestra Política Nacional de Diversidad Biológica todavía estamos muy lejos de implementarla de forma efectiva; probablemente nuestra mayor limitación es respecto a lo que a utilización sostenible se refiere.

Infografía: Consejo Nacional de Áreas Protegidas -CONAP-/Megadiversos. 2016.

 

 

 

 

 

Las últimas pandemias, y el Coronavirus en particular, ponen en la palestra que la diversidad biológica y los beneficios que nos provee son fundamentales para el bienestar humano y un planeta saludable. Dependemos de la naturaleza: su buen funcionamiento nos provee directamente de alimento y en muchos de los cultivos es indispensable la ayuda de polinizadores como abejas y murciélagos. Nuestras medicinas y sus precursores, el agua que bebemos y el aire que respiramos y así, todo lo que damos por sentado cada día.

Entre las principales causas de pérdida de diversidad biológica a nivel mundial se encuentran el cambio de uso de la tierra, destrucción o fragmentación de hábitat, sobre explotación, tráfico ilegal, contaminación, especies invasoras y cambio climático. Muchas de estas fuerzas impulsoras afectan directamente a la salud humana también. Según la Plataforma Intergubernamental Científico-Normativa sobre Diversidad Biológica y Servicios de los Ecosistemas (IPBES) el 75% de la superficie de la Tierra está degradada; se espera que más del 90% lo esté para el 2050 y es probable que los ecosistemas marinos serán los primeros en colapsar; se estima que 1 millón de especies están al borde de la extinción y que el 60% de las poblaciones de vida silvestre están en declive.

Hay una tarea titánica de conservar y restaurar la diversidad biológica y en Guatemala recae en los hombros de una pequeña secretaría de Presidencia, que además debe coordinar acciones y armonizar políticas con muchos sectores: el Consejo Nacional de Áreas Protegidas (CONAP). En países “pobres” como el nuestro, caemos en el círculo vicioso de que mientras no se cubran las necesidades básicas, la conservación de la diversidad biológica queda al final de la lista de prioridades, ni siquiera se le asigna un presupuesto adecuado. La asignación presupuestaria al CONAP, es menos del 0.2% del Presupuesto General de la Nación (CONAP, 2019) y con ello debe ser el rector de toda la diversidad biológica de Guatemala: terrestre, de aguas interiores y marina. Tal vez deberíamos empezar a pensar al revés y creo que a esto se refieren muchos líderes mundiales cuando nos piden “no volver a la normalidad”. Solo espero que algo hayamos aprendido del Coronavirus: nuestra salud, nuestra economía, nuestra calidad de vida, dependen de lo bien manejada que esté nuestra diversidad biológica.

El Programa de las Naciones Unidas para el Desarrollo (PNUD) implementa varios proyectos con el apoyo de donantes, en particular el (Fondo para el Medio Ambiente Mundial, GEF), a través de los cuales se espera contribuir a la conservación de varias especies entre anfibios, aves (incluyendo al Quetzal y Pavo de Cacho), reptiles (tortugas marinas) y mamíferos (murciélagos y ballenas), y la restauración de varios ecosistemas del Pacífico, Cadena Volcánica Central y próximamente, la Cuenca del Motagua. Estos proyectos bajo el liderazgo de nuestros socios de gobierno se enfocan en acciones locales en el marco de políticas nacionales y convenios internacionales, hacia paisajes resilientes y el fortalecimiento y diversificación de medios de vida de los que dependen muchas personas, particularmente grupos vulnerables de mujeres y pueblos indígenas.

La diversidad biológica debe ser valorada, conservada, restaurada y utilizada sosteniblemente para alcanzar la visión del CDB para el 2050: vivir en armonía con la naturaleza. Este es un reto sin precedentes de colaboración de nuestra sociedad considerado en la Agenda 2030 y los Objetivos de Desarrollo: ODS 3-Salud y bienestar y ODS 15-Ecosistemas terrestres. La ciencia importa, la necesitamos para sustentar con datos las decisiones que tomemos y elecciones que haremos. Nuestros pueblos indígenas también tienen mucho que enseñarnos. Ojalá en nuestra reconstrucción post COVID-19 como sociedad, nuestros nuevos cimientos tengan algo de ciencia y conocimiento tradicional; si no es así, no aprendimos nada.

“Nuestras economías, nuestras sociedades y nuestras comunidades tienen que redescubrir cómo vivir con la naturaleza y la forma en que lo hagan, en los próximos años, determinará en gran parte si se intensifica la magnitud de las pandemias, los desastres naturales y las crisis, o si podemos restablecer un grado de coexistencia con la naturaleza que realmente estabilice a nuestras comunidades, sociedades y economías y, por lo tanto, se convierta en una forma de repensar el futuro del desarrollo desde nuevos parámetros.”

Achim Steiner, Administrador del PNUD, 9 de abril de 2020

 

Somos eslabones en la naturaleza y nuestra conectividad puede jugarnos malas pasadas, como con el Coronavirus, o puede ser la oportunidad para el compromiso, pero debemos actuar rápido. La solución a esta y otras crisis que seguro vendrán no está solamente en una vacuna. Cuidar a la diversidad biológica es cuidarnos a nosotros mismos: la salud humana, animal y ambiental están estrechamente relacionadas. Un planeta saludable, significa beneficios esenciales para todos y todas. La pérdida de la diversidad biológica y el Coronavirus tienen algo en común: deben abordarse solamente mediante acción colectiva y desde una perspectiva holística.

 

Escrito por: Raquel Sigüenza, fiel creyente del desarrollo sostenible, conservacionista de corazón y bióloga de profesión. Trabaja en la Oficina de Guatemala del PNUD desde 2015, actualmente como Especialista en Biodiversidad.

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