Fotografía: PNUD Guatemala / Juan Luis Sacayón

 

13 de octubre Día Internacional para la Reducción del Riesgo a Desastres. Terremotos, erupciones volcánicas, sequias, incendios forestales, inundaciones, heladas, deslaves y epidemias, son ejemplos que han marcado la historia de los desastres en Guatemala dejando a su paso graves pérdidas humanas y económicas. Esto obedece principalmente al grado de exposición a la amenaza y vulnerabilidad existente en el país. Con relación al grado de exposición, Guatemala está ubicada en la confluencia de tres placas tectónicas con numerosas fallas y se encuentra dentro del Cinturón de Fuego del Pacífico; lo que hace que el país este expuesto a una intensa actividad sísmica y volcánica, así mismo, su geografía lo predispone a la incidencia de un amplio número de riesgos. Estas condiciones unidas a las temporadas lluviosas y secas bajo la influencia de los dos océanos y el efecto intermitente del fenómeno “El Niño” y la “Niña”, ofrecen condiciones en que las inundaciones, deslizamientos y sequías se convierte en fenómenos regulares. Además, su ubicación está sujeta a la amenaza de huracanes y depresiones tropicales que año tras año se generan durante la temporada de julio a noviembre.

No podemos prevenir las amenazas de origen natural, pero si no estamos preparados, pueden convertirse en un desastre delante de nuestros ojos. Una familia, viviendo en una zona de riesgo, con ausencia de sistemas de alerta temprana y sin infraestructura adecuada, presenta un alto nivel de riesgo. Así mismo, la falta de ordenamiento territorial, la adopción de normas de construcción y los efectos del cambio climático pueden incrementar su vulnerabilidad para sufrir un desastre. 

El alto riesgo  a desastres que presenta el país, se explica principalmente en función de los rápidos procesos de degradación de los ecosistemas, la alta dependencia económica a la agricultura, los altos índices de pobreza y desigualdad, el crecimiento de la población, el bajo nivel de conocimiento sobre las implicaciones del cambio climático y la baja capacidad para la definición y aplicación de políticas e instrumentos de gestión (normativos, incentivos, sensibilización, entre otros) enfocados en la reducción del riesgo. En ese sentido, de acuerdo con el Marco de Sendai para la Reducción del Riesgo de Desastres, en la Meta E se establece: “Incrementar considerablemente el número de países que cuentan con estrategias de reducción del riesgo de desastres a nivel nacional y local para 2020” por ello, tanto  el Gobierno Nacional como el local, deben formular e implementar sus Estrategias de Reducción de Riesgos, así como enfocar sus planes y presupuestos nacionales de desarrollo para que contribuyan a la reducción del riesgo de nuestro país.

En este año 2020, Guatemala y el resto del mundo se enfrenta de forma simultánea a un doble desafío histórico: una emergencia climática y una crisis pandémica sin precedentes. El COVID-19, al igual que otras amenazas, ha desnudado la vulnerabilidad de nuestro país y nos llama a actuar con decisión sobre los riesgos biológicos, los cuales han sido abordados en el Acuerdo de Sendai.

Finalmente, es importante mencionar que toda la sociedad tiene una responsabilidad en torno a la preparación y prevención de desastres, ya que si priorizamos el bien común sobre el individual  y si todos trabajamos colectivamente con las comunidades en riesgo, mejorando las capacidades, los sistemas de información para que puedan anticiparse, resistir y recuperarse de mejor manera a los golpes originados por un desastre, estaremos fortaleciendo su resiliencia y disminuyendo el impacto de dichos desastres  en los medios de vida de las personas.

 

Escrito por: Jerson Quevedo

Tiene quince años de experiencia en temas relacionados con Fortalecimiento Institucional, políticas públicas de ambiente y cambio climático, manejo integrado de cuencas hidrográficas, manejo de áreas protegidas desde distintos espacios institucionales que incluyen el gu­bernamental, no gubernamental y Agencias Internacionales.

 

Formación universitaria desarrollada en la Universidad de San Carlos de Guatemala en el tema  de manejo de recur­sos naturales renovables y estudios de Maestría en el Centro Agronómico Tropical de Investigación y Enseñanza (CATIE) en Costa Rica, donde se obtuvo el título de Magister en Manejo y Gestión Integral de Cuencas Hidrográficas.

 

Actualmente labora como Especialista en Cambio Climático para el PNUD en la supervisión e implementación de proyectos relacionados con temas de adaptación y mitigación del cambio climático apoyo en la elaboración de la Tercera Comunicación Nacional de Cambio Climático y Primer informe Bienal.  

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