Fotografía: PNUD Guatemala/Laboratorio de Aceleración

 

Abróchense los cinturones, se avizora un viaje con turbulencia. Imaginen subirse a un “chicken bus”, donde el rumbo está definido, pero no se conoce cuál es la ruta, qué reparaciones necesita el vehículo, si el conductor tiene experiencia, a quién se conocerá en el camino o  siquiera si tendremos un asiento. Uno tendría razón en sentir temor, pero, en vez de eso, uno puede usar esa alerta sensorial para aprender sobre cómo la mayoría de las personas resuelve su necesidad de movilizarse. De cierta forma, así es como la experiencia de la vuelta alrededor de nuestro primer ciclo de aprendizaje se sintió.

Antes de iniciar, retrocedamos un poco en el tiempo. Quizás nuestro rumbo tampoco estaba realmente definido. Al menos no todos teníamos lo mismo en mente. Es como si hubiéramos solicitado al conductor del bus: “llévanos a sitio más hermoso en la región norte de Guatemala”. Claro, no es cualquier lugar, solo uno con un amplio rango de posibilidades. Un viaje así de abierto como este nos da la oportunidad de descubrir una gran variedad de lugares, toda vez nos sea posible reconocer el valor de cada alternativa.Pero, también nos enfrenta con el riesgo de fracasar en la coordinación y terminar aislados o en un lugar “feo”.

Así, el punto de partida de nuestro recorrido de aprendizaje fue un desafío de desarrollo complejo. Emprendimos camino con la intención de mejorar la colaboración entre la sociedad y las instituciones públicas que busca aumentar la resiliencia al cambio climático. Por ejemplo, el tipo de colaboración que se espera suceda durante la recuperación ante inundaciones, sequías, falta progresiva de agua potable o nuevas disposiciones para reducir contaminación. Este desafío capturaba lo que se consideró es el problema central para Guatemala, de acuerdo con los participantes en los talleres de lluvia de ideas que llevamos a cabo con funcionarios públicos y equipos del Programa de las Naciones Unidas para el Desarrollo –PNUD-.

El solo hecho de llegar al punto de partida no era una tarea insignificante. Y, justo ahí, nuestro “motor” no arrancaba. Resultaba difícil decidir en equipo cuál debería ser la ruta del Laboratorio de Aceleración ante el desafío que se propuso. Éramos tres extraños, que nos conocimos en línea, y con distintas experiencias, habilidades, estilos y perspectivas. Era complejo armonizar abordajes que priorizaban amplia participación, procesos rigurosos y reproducibles, además de fortalecimiento institucional. Por otro lado, existía una tensión entre definir el propósito del viaje de antemano o descubrir dicho propósito en el camino.

Durante este anquilosado, aprovechamos a recorrer la “ruta escénica”. Organizamos talleres adicionales con los equipos programáticos del PNUD para comprender mejor las causas de nuestro desafío y diversas preguntas que podríamos contribuir a responder. Resultó que las posibilidades parecían infinitas. La colaboración entre la sociedad y las instituciones públicas que busca aumentar la resiliencia al cambio climático es algo que se percibe estar relacionado con múltiples factores como la fortaleza institucional, normativas, coordinación entre actores, recursos, geografía, condiciones estructurales de vulnerabilidad, prácticas sociales, entre muchas otras. Adicionalmente, seguir en esta ruta nos requeriría movernos a al ritmo de proyectos que dependen de aprobaciones en conjunto con instituciones públicas.

Esta “ruta escénica” sin duda nos proveyó de un entendimiento más profundo de nuestro desafío. Quizás su mayor valor haya sido la claridad que obtuvimos sobre el trabajo realizado por PNUD y la relación que construimos con los equipos. Sin embargo, teníamos la urgencia de pasar de la reflexión a la acción.

Lo que siguió, podría decirse, fue como brincar a la palangana de un pickup. Otra movida riesgosa. Nos dimos cuenta de que dar un salto significativo hacia la meta original tomaría más tiempo del que anticipamos. No obstante, durante el trayecto, teníamos la oportunidad de mejorar nuestras “habilidades de navegación”. En consecuencia, organizamos un conjunto de actividades para aprender a implementar un ciclo de aprendizaje.

La idea era poner a prueba una versión simplificada del ciclo de aprendizaje. Primero, elegimos una de las preguntas propuestas durante los talleres con los equipos del PNUD: ¿cuáles son las barreras para que las instituciones públicas colaboren con la sociedad en la implementación de planes que buscan aumentar la resiliencia al cambio climático? A pesar de ser compleja, esta pregunta no era contenciosa. Luego, organizamos actividades guiadas por la pregunta para sentir, explorar y experimentar. Estos ejercicios, diseñados para durar no más de cuatro horas cada uno, nos permitirían estar más cómodos con las distintas metodologías, trabajar en equipo y adquirir conocimientos sobre la pregunta planteada.

Por supuesto, las circunstancias no estaban completamente bajo nuestro control. Un enorme “túmulo” en el camino nos desvió temporalmente: debíamos balancear entre avanzar con nuestras actividades, atender solicitudes espontáneas y otras responsabilidades. Sin embargo, sí fue posible orientar algunas de estas tareas adicionales hacia nuestra pregunta. Por ejemplo, vinculamos un taller sobre corrupción con los efectos que tiene esta en el cambio climático, y aprovechamos la invitación a facilitar un taller para generar propuestas sobre cómo gestionar conocimiento acerca del desarrollo sostenible.

Finalmente, logramos avanzar, y nos sorprendimos; especialmente durante la actividad para sentir. Visitamos los alrededores del vertedero de desechos sólidos de la Ciudad de Guatemala y aprendimos sobre distintas formas en la que las personas crean valor a partir de lo desechado, habilidades desarrolladas por los recolectores, y oportunidades para responder a necesidades desatendidas. El video en 360 a continuación muestra un poco de lo observado. Para el ejercicio de exploración identificamos diferentes fuentes de información y su potencial uso, incluyendo el valor desaprovechado de propuestas desarrolladas en disertaciones universitarias. Respecto al ejercicio de experimentación, generamos un conjunto de hipótesis sobre los efectos de la transparencia, disponibilidad de recursos y diálogo en la cooperación.

Video en 360 de la visita a los alrededores del vertedero de desechos sólidos de la Ciudad de Guatemala

 

Ahora, no podemos esperar a volver. Aunque corto y simplificado, este ciclo de aprendizaje nos permitió identificar un sistema complejo alrededor del manejo de desechos sólidos. Este involucra una variedad de procesos incluyendo la producción, recolección, transporte, separación, reutilización, disposición final e impacto en los ecosistemas de los desechos. Adicionalmente, reforzó nuestro trabajo conjunto. Sin embargo, nos sentimos en parte con las manos vacías. Nos hace falta obtener una solución innovadora que haya sido puesta a prueba e impacte positivamente el desarrollo. Por ello, regresaremos al vertedero, en esta ocasión de la mano de funcionarios de la municipalidad y los equipos del PNUD para la reducción de pobreza, con la intención de identificar oportunidades para promover mejores prácticas en el manejo de desechos sólidos.

Gracias por persistir con nosotros a lo largo de esta travesía turbulenta. Sin duda, la apertura a trabajar con el Laboratorio de Aceleración y el apoyo que hemos recibido de los equipos del PNUD, la red global de los Laboratorios de Aceleración, funcionarios públicos y otras contrapartes han sido cruciales para sobreponernos a las dificultades. De igual manera, esperamos que la metáfora del “chicken bus” haya sido un recurso útil para conversar con mayor apertura sobre los aspectos menos cómodos, pero intrínsecos, en el camino hacia el desarrollo sostenible.

 

Blog escrito por:

Javier Brolo

Líder de Experimentación del Laboratorio de Aceleración

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