Conservar a nivel de paisaje: un paso hacia nuestro desarrollo

05 dic 2016

 

Sabemos que la biodiversidad es un elemento inherente para el desarrollo humano. Día a día las necesidades de la humanidad son satisfechas a través de los múltiples beneficios que recibimos de ella, incluyendo alimentos, agua, bienes y servicios ecosistémicos, belleza escénica, bienestar espiritual y mucho más. 

De hecho, dentro de los Objetivos de Desarrollo Sostenible, se incluye explícitamente la meta de conservar y utilizar en forma sostenible la biodiversidad terrestre y marina, como parte de la Agenda 2030 y “a favor de las personas, el planeta y la prosperidad”. Asimismo, es ampliamente conocido, que la protección del medio ambiente, junto al desarrollo económico y al social, constituyen los tres pilares del desarrollo sostenible. Esto ha sido reconocido por diversos países desde hace varios años, y a raíz de ello han implementado diversos instrumentos de política pública para responder a los compromisos internacionales que como Estado han adquirido para lograr la protección del medio ambiente.

Sin embargo, a pesar de su inmenso valor desde cualquier punto de vista, continuamos perdiendo biodiversidad a nivel mundial.  Sumado a ello, las tendencias demográficas y crecientes demandas de la humanidad, hacen que cada vez necesitemos más áreas verdes para el desarrollo de bienes de consumo, quedando menos terrenos disponibles que puedan ser destinados exclusivamente para la conservación.  

Esto nos pone, como sociedad, ante el reto y la necesidad de llevar a cabo acciones de conservación a nivel de paisaje, incluyendo, además de las áreas protegidas, los espacios productivos e intervenidos. A la vez, nos obliga a todos los habitantes a comprometernos con emprender acciones de conservación en todo el territorio, dejando de lado la premisa que el patrimonio natural del país está ya resguardado en las áreas protegidas, pues a pesar de ser necesarias, éstas resultan insuficientes hoy en día.

El reto es entonces llevar a cabo acciones de conservación aún en territorios con alta intensidad de uso, que es aún mayor en áreas como el Litoral Pacífico de Guatemala, una de las áreas más intervenidas del país, en donde actividades como la agricultura, ganadería e industria han modificado grandes extensiones de esta zona. Sin embargo, a través de diversas acciones que ya se realizan en esta área, y que incluyen –entre otros- el cumplimiento del marco legal, fortalecimiento de capacidades institucionales e involucramiento directo de diversos sectores, es posible acercarnos a un esquema de conservación a nivel del paisaje, en donde al mismo tiempo se desarrollen actividades productivas. Un ejemplo de ello es el Proyecto Conservación y Uso sostenible de la Biodiversidad en Áreas Protegidas Marino Costeras.

Existen otras maneras de procurar la conservación de biodiversidad en paisajes productivos. Por ejemplo, se ha demostrado que es posible que ciertas plantaciones comerciales alberguen diversidad biológica en su interior, si éstas son manejadas adecuadamente, permitiendo entre otros, la existencia de múltiples estratos de vegetación en su interior, por ejemplo café con sombra, o pino con sotobosque. Asimismo, la rotación de cultivos, o el manejo de pastizales para ganadería traen beneficios para la conservación de la biodiversidad. En menor escala, las huertas familiares con alta diversidad de plantas y los cercos vivos son capaces también de alojar especies nativas de flora y fauna. Por otro lado, la restauración del paisaje es una de las acciones que más ayuda en la recuperación de biodiversidad en sitios que han sido degradados. En términos generales, se trata de tomar conciencia de la necesidad de una adecuada gestión del territorio para lograr, a distintas escalas y con diversas actividades, un paisaje de conservación y desarrollo.  

Para que todo esto realmente funcione y perdure en el largo plazo, es indispensable que como sociedad, conozcamos e internalicemos el inmenso valor (social, económico y cultural) de la biodiversidad, la dependencia que tenemos de los bienes y servicios que ésta nos presta  y la urgente necesidad de hacer una  adecuada gestión de la misma. En todos los ámbitos de la sociedad –político,  público, privado, académico y sociedad civil-  debe fortalecerse el compromiso de participación activa en la conservación de nuestro patrimonio natural, cada uno desde su propio espacio y realidad. Somos nosotros los agentes del cambio y solo así podremos asegurar nuestro desarrollo y el bienestar de las presentes y futuras generaciones.

 

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