Bondad con conciencia de depredación

14 dic 2016

 

A muchos de nosotros nos gusta, por no decir que nos fascina, el tener algo vivo a nuestro cuidado, o por lo menos, viviendo en nuestra casa. Ello no tendría nada de malo si para eso no se tuviera que participar “inconscientemente” en algunos casos y otras a propósito, en el tráfico ilegal de flora y fauna silvestre. Dicho gusto termina por afectar a la diversidad biológica del país, pues promueve la extracción ilícita de especies como pericas señoritas, pericas guayaberas, chocoyos, iguanas, mapaches, tortugas de río, entre otros (según registros del Consejo Nacional de Áreas Protegidas –CONAP-), esto si nos referimos únicamente a la zona marino costera del Pacífico. Dependiendo de la región geográfica, son otras las especies más afectadas. 

Muchos dirán que compran animales silvestres porque los animales sufren en los recintos donde son exhibidos mientras los venden. Pienso que efectivamente tienen razón, sufren, sin embargo el sacar de su martirio a un individuo únicamente genera que la cadena de tráfico ilícito alcance su objetivo, que es vender el animal. El comprador seguramente dice: “Pobre animal, ahora que estás conmigo te irá mucho mejor, tendrás comida, agua, un techo, todas las condiciones para que estés feliz”. 

Pero el trasfondo de dicho acto de buena voluntad es: 

1. El comprador obtiene un animal que si es cachorro o cría, durante algunos meses o años (no muchos) es la alegría de la casa. Si es adulto, o cuando esa cría llega a edad adulta, se convierte en una pesadilla, pues muerde a los niños, se roba la comida, infinidad de travesuras que nos podemos imaginar. Al final se opta por regalar, abandonar al animal o incluso enclaustrarlo en jaulas diminutas que terminan por atrofiar los resabios que quedan de su comportamiento natural, así como sus estructuras óseas en muchos casos. Habrá quienes podrán afirmar que sus animales están en buenas condiciones, probablemente sea cierto, pero esas son las excepciones. 

2. El animal viene enfermo y se muere a los pocos días de comprarlo, con lo cual tampoco se logra el objetivo de mejorarle sus condiciones de vida. Otro tema aparte, pero que no debemos obviar, es la probabilidad de transmisión de algunas enfermedades al ser humano.

3. Independientemente de los dos escenarios anteriores, el vendedor obtiene el dinero que quiere por la venta del animal. Entiende que hay un mercado que necesita saciarse, por lo que vuelve al bosque a extraer animales o a encargarlos, y continúa la cadena y el círculo se repite; generando una extracción continua de biodiversidad, que promueve procesos de endogamia, en los cada vez más pequeños espacios naturales del país.

Pensemos en que por cada persona que compra un animal silvestre, se lacera la salud de las poblaciones silvestres. Es una analogía a la campaña de hace algunos años que decía “gota a gota, el agua se agota”, en este caso, animal tras animal, la biodiversidad es exterminada.

El tráfico ilícito es una actividad económica que como cualquier otra, si encuentra un mercado favorable, pues continuará. Una parte que se suma en la lucha contra esta actividad que afecta la biodiversidad marino costera la cumplen las instituciones como el CONAP, el Ministerio Público –MP- y la División de Protección a la Naturaleza –DIPRONA-, al hacer operativos de control y vigilancia. Sin embargo, los esfuerzos son insuficientes. 

Otro aspecto vital y pienso que con más impacto, es el que nosotros como ciudadanos podemos hacer al evitar comprar estos animales silvestres. Seguramente es algo duro, pues los que compartimos algo de empatía por el sufrimiento que puede padecer un ser vivo, seguramente quisiéramos hacer algo para mitigar ese dolor. Se contribuye más y mejor al no comprar un animal en los mercados, en las carreteras, o cualquier lugar. Pongámoslo así, nadie se va a empeñar en vender algo que nadie le compra. Con el tiempo esto debe ir menguando el tráfico ilícito de fauna silvestre, claro está que debe ir de la mano de los esfuerzos de control y vigilancia que se desarrollan con las instituciones expertas en la materia.

Las zonas marino costeras y su fauna silvestre ya tienen suficientes presiones tales como, el avance de la frontera agrícola, sequías y cambio climático,. como para que con nuestra “bondad” promovamos el tráfico ilícito de fauna silvestre y con ello, su extracción ilícita de los remanentes boscosos con que cuenta el país. 

Comprar un animal silvestre de forma ilegal ya sea en el mercado, en la carretera o en cualquier otro lugar, condena a la totalidad de animales silvestres que aún habitan las zonas boscosas del país.

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